Los resultados de esta investigación, en la que ha colaborado el grupo de Ecofisiología de los Organismos Marinos (EOMAR) del instituto universitario de la ULPGC, revelan la presencia de 'Gambierdiscus australes' en el 75 por ciento de las muestras recogidas
El grupo de Ecofisiología de los Organismos Marinos (EOMAR), integrado en el Instituto Universitario ECOAQUA de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), a través de Emilio Soler Onís, también miembro del Observatorio Canario de Algas Nocivas (OCHAB), ha participado en un estudio que ha confirmado por primera vez la presencia del género Gambierdiscus en la costa peninsular española.
En el marco de esta investigación, realizada en colaboración con el Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio Ramón Margalef (IMEM) de la Universidad de Alicante (UA), que ha liderado el estudio, se ha identificado en el litoral de Dénia y Xàbia, al norte de la provincia de Alicante, la especie Gambierdiscus australes, una microalga del grupo de los dinoflagelados marinos productora de ciguatoxinas, un conjunto de toxinas que provocan una intoxicación alimentaria relacionada con el consumo de peces que han acumulado un exceso de estos agentes nocivos en sus tejidos conocida como ciguatera.

El investigador de EOMAR Emilio Soler Onís que ha participado en esta investigación.
El hallazgo, publicado recientemente en la revista ‘Harmful Algae News’, boletín editado por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (IOC) de la UNESCO que trata específicamente sobre algas tóxicas y proliferaciones algales, se ha realizado a partir de los muestreos rutinarios de fitoplancton del Laboratorio Marino UA-Dénia, perteneciente al IMEM, con el apoyo de investigadores de EOMAR, especialistas en microalgas nocivas y ciguatoxinas en aguas canarias y atlánticas.

Gambierdiscus australes a vista de microscopio electrónico de barrido. Fuente: Unversidad de Alicante.
El estudio incluye dos campañas de muestreo desarrolladas en marzo y septiembre de 2023 en 12 estaciones distribuidas en seis zonas del litoral, tanto cercanas a la costa, a unos 250 metros, como más alejadas, a 1 km o más de distancia.
Los datos obtenidos revelan que Gambierdiscus australes estuvo presente en el 75% de las muestras de marzo y en el 100% de las de septiembre, con abundancias comprendidas entre 20 y 140 células por litro. Se trata de un género de microalgas que genera ciguatoxinas que pueden acumularse en tallas grandes de determinadas especies de peces y desencadenar problemas de toxicidad en humanos.
Tranquilidad para los consumidores
Tanto los investigadores de la UA como los de EOMAR–ECOAQUA insisten en que, a la luz de estos resultados, el consumidor puede estar tranquilo, ya que las concentraciones detectadas no son alarmantes y la especie de los Gambierdiscus australes no se encuentra entre las más tóxicas del género. El pescado que llega al mercado pasa por controles y análisis que permiten detectar posibles niveles elevados de toxina antes de su distribución, manteniendo la seguridad alimentaria.
El equipo investigador, que además de Soler Onís estuvo conformado por César Bordehore, profesor del Departamento de Ecología de la UA e investigador del IMEM, así como por Eva Fonfría Subirós y John Yañez Dobson, ambos del IMEM, relaciona la aparición de Gambierdiscus en el Mediterráneo peninsular con el aumento de la temperatura del mar y con la expansión de especies típicas de aguas tropicales cálidas hacia latitudes más templadas.

Gambierdiscus australes en microscopio óptico invertido. Fuente: Universidad de Alicante.
Los investigadores subrayan que incluso incrementos moderados de temperatura pueden favorecer la colonización de nuevas áreas por estas microalgas.
Seguimiento
Desde 2010 se realiza un seguimiento sistemático de más de 40 kilómetros de litoral en el norte de Alicante, lo que ha permitido comprobar que hace 15 años el género Gambierdiscus no estaba presente en la zona.
Este trabajo, en el que participa EOMAR–ECOAQUA, confirma la expansión de la distribución de Gambierdiscus en el Mediterráneo occidental y enfatiza la necesidad de mantener programas específicos de monitorización de fitoplancton bentónico potencialmente tóxico para anticipar riesgos y asegurar la seguridad alimentaria.

